La necesidad de las puntuaciones

Hace tiempo tuve una larga conversación con un enólogo sobre mi trabajo, tenía especial interés en mi opinión sobre ciertos vinos. Justo antes de despedirme me comentó que le agradaba lo que yo hacía pero que odiaba el número que ponía al final de una nota de cata.

El tema de otorgar una calificación a un vino es un tema delicado. Muchas personas argumentan que el vino es demasiado subjetivo como para ser valorado por una persona. Otros piensan que el vino esta por encima de poder ser evaluado y que solo debe ser disfrutado.

Obviamente no estoy de acuerdo. En mi opinión el calificar un vino y asignar un valor numérico es un herramienta útil de comunicación. La calificación es solo una opinión condensada y expresada con un número. Todos entendemos que 90 es mejor que 80.

Entiendo que la apreciación de las cosas puede ser subjetiva, pero también se que hay elementos claros que nos ayudan a definir lo que se percibe como calidad y que constituyen a un buen vino (probablemente sobre todas las característica esta el equilibrio).

Para mi lo importante es que la persona que asigne estas puntuaciones lo haga de forma honesta, constante e independiente. Muchas personas (al igual que malos profesores en la escuela) otorgan puntos sin sentido, orden o lógica.

Además es importante hacer notar la diferencia entre estilo y calidad. Algunos asumen que si no les gusta un vino, esta mal elaborado, y esto casi nunca es cierto. Por esto la nota de cata debe hablar claramente de las virtudes y defectos de un vino, para expandir y detallar la comunicación lograda por la calificación.

La necesidad de la opinión que dan las puntuaciones surge de la imposibilidad de muchos consumidores de probar. Los críticos en realidad son super-consumidores, personas con la oportunidad de probar considerablemente mas que un consumidor regular.

Al final, la necesidad de las puntuaciones es en realidad una necesidad de comunicación.