Los Problemas del Vino en México: Los Consumidores (4ta Parte)

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El poder nada concede sin exigencia. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Encuentra a lo que las personas se someten calladamente y habrás encontrado la medida exacta de la injusticia.

-Frederick Douglas

Aceptar todas las cosas como buenas es probablemente una de las razones más fuertes del estancamiento de cualquier actividad.

La simple verdad es que no todos estamos dispuestos a pagar el precio de hacer las cosas bien. El vino como cualquier otro resultado de la actividad humana, siempre será un reflejo del esfuerzo de quien lo elabora.

Y es aquí donde los consumidores se convierten en cómplices del estancamiento de la industria vitivinícola.

Ya puedo escuchar los comentarios. ¿Cómo es posible? ¿Por qué? ¿De qué está hablando?

De la falta de disertación de muchos consumidores. De la costumbre de muchos mexicanos de exaltar cualquier cosa que se nos venda como bueno.

Alguna vez platicando con un enólogo al cual respeto mucho, me decía que el vino responde a las necesidades y exigencias sociales, en su momento no pensé mucho acerca de este comentario tan acertado, pero es muy cierto. En un país donde reina el conformismo, donde históricamente hemos aceptado lo que se nos da sin pensar, donde vendemos nuestras ideas y principios con tal de pertenecer, la calidad de todo cuanto se elabora sufre.

Por esta razón soy escéptico del aspecto social del vino (por lo menos en nuestro país). Muy fácil pasamos de la educación, de hacer lo que las normas sociales nos piden, a la adulación vana. Cuantas veces he visto la calidad del vino pasar a segundo término frente la vanidad de felicitaciones superfluas. En el interior de muchos consumidores existe una extraña combinación de miedo y asombro.

Los principales cómplices de las cosas mal elaboradas, somos aquellos que las aceptamos sin decir algo.

Muchos de los mejores vinos nacen por una búsqueda personal de sus enólogos, pero como regla general los productores hacen una lectura de mercado y nos dan lo que pedimos. En una ocasión me dijeron, eso vale el vino porque hay quien está dispuesto a pagarlo (…y supongo que a tomárselo también).

Aquí es donde el consumidor tiene un gran poder y por consecuencia una gran obligación.

Si somos honestos para buscar y humildes para aprender, con un poco de trabajo los consumidores habremos cumplido con nuestra parte.

Mientras olas de consumidores sigamos fingiendo, sigamos aparentando, seremos un problema del vino en nuestro país.